Hoy atendí a una paciente que anteriormente me había escrito por internet para hacerme algunas preguntas sobre su dolor de cuello y hombros y, finalmente, decidió venir a mi consultorio. Me dijo que era seguidora mía y que mis artículos eran “inigualables”. La verdad, tanto entusiasmo me sorprendió y hasta me hizo sentir un poco halagado.
Después de examinarla cuidadosamente, consideré que su dolor cervical sí tenía algunos factores físicos, pero que los factores emocionales y el estrés también tenían un papel muy importante.
¿Qué tienen que ver las emociones con el dolor de cuello?
Quizás muchas personas se pregunten: si me duele el cuello, ¿no debería ser simplemente un problema de la columna cervical? ¿Qué tienen que ver las emociones?
La respuesta es: sí tienen mucho que ver, probablemente más de lo que imaginamos.
Cuando estamos tensos, ansiosos, molestos o sometidos a mucho estrés, nuestro cuerpo entra en una especie de estado de “alerta”. Se activa el sistema nervioso simpático, el corazón puede latir más rápido, la respiración se vuelve más superficial y muchos músculos se contraen involuntariamente. Una de las zonas donde más acumulamos esta tensión es, precisamente, el cuello y los hombros.
Podemos observarlo nosotros mismos. Cuando estamos muy nerviosos, ¿no levantamos los hombros sin darnos cuenta? Cuando tenemos mucha presión, ¿no sentimos rígida la nuca, el cuello o los hombros?
Esto no es simplemente “algo psicológico”, sino una respuesta fisiológica real de nuestro organismo.
La tensión muscular y el dolor cervical
Cuando músculos como el trapecio, el elevador de la escápula y los músculos suboccipitales permanecen tensos durante mucho tiempo, pueden aparecer rigidez, dolor y sensibilidad.
Y si la persona ya tiene desgaste cervical, dolor miofascial o problemas relacionados con pasar muchas horas con la cabeza inclinada, los síntomas pueden intensificarse.
Por eso vemos algo muy interesante en la práctica clínica: la columna cervical sigue siendo la misma, pero hoy puede doler mucho más que ayer.

El dolor también está relacionado con el sistema nervioso y el cerebro
Esto ocurre porque el dolor no funciona simplemente como “algo está dañado, entonces duele”. El dolor es una experiencia en la que participan el cuerpo, el sistema nervioso y el cerebro.
Un mismo estímulo puede sentirse poco cuando hemos dormido bien y estamos tranquilos, pero resultar mucho más molesto cuando llevamos varios días con insomnio, ansiedad o estrés.
Aquí aparece un concepto importante de la medicina moderna del dolor: la sensibilización al dolor.
Cuando el dolor se mantiene durante mucho tiempo y se combina con ansiedad, estrés y falta de sueño, el sistema nervioso puede volverse más sensible. Algo que antes necesitaba un estímulo fuerte para producir dolor, posteriormente puede sentirse doloroso con un estímulo mucho menor.
Por eso algunos pacientes preguntan: “Doctor, si me dicen que mi problema cervical no es tan grave, ¿por qué me duele tanto?”
El círculo entre las emociones y el dolor
Pero también ocurre al revés. Las emociones pueden aumentar el dolor y el dolor también puede afectar nuestras emociones.
Si una persona lleva meses con dolor cervical, duerme mal y tiene dificultades para trabajar, es natural que se vuelva más irritable o ansiosa. Cuanto más se preocupa, más se tensa; cuanto más se tensa, más se contraen sus músculos; y cuanto más se contraen, mayor puede ser el dolor.
Así se forma un círculo vicioso:
Estrés → tensión muscular → dolor → mal sueño → ansiedad → mayor sensibilidad al dolor → más dolor.
Tratar el dolor de cuello no significa solamente tratar el cuello
Por eso, cuando tratamos un dolor crónico de cuello y hombros, no siempre podemos concentrarnos únicamente en la columna cervical.
La acupuntura, la fisioterapia y los ejercicios pueden ayudar a mejorar los síntomas, pero si una persona duerme poco, vive constantemente bajo presión y casi no realiza actividad física, aunque logremos controlar temporalmente el dolor, es muy probable que vuelva.
Por eso suelo decirles a mis pacientes: tratar el dolor de cuello no significa solamente tratar el cuello.

El dolor es real y no está “todo en la mente”
Por supuesto, tampoco debemos irnos al otro extremo y decirle al paciente: “Todo está en tu mente, simplemente relájate”.
El dolor es real y las emociones son solamente uno de los factores que pueden influir en él.
Si existe adormecimiento persistente del brazo, pérdida importante de fuerza, dificultad para caminar u otros síntomas neurológicos, es necesario realizar una evaluación médica adecuada.
El cuerpo y las emociones están conectados
El cuerpo y las emociones nunca han estado tan separados como a veces pensamos.
Cuando estamos tristes lloramos, cuando sentimos miedo el corazón late más rápido y cuando estamos nerviosos puede dolernos el estómago. De la misma manera, cuando vivimos bajo mucha presión, nuestro cuello y nuestros hombros también pueden tensarse silenciosamente.
Por eso la salud es un tema bastante complejo y no siempre basta con “tratar solamente donde duele”.
Para mantener una buena salud a largo plazo, además del tratamiento del profesional, el paciente también necesita aprender a conocer su propio cuerpo, regular su estado emocional y cuidar su mundo interior.
Chengzun Pan
Médico Tradicional Chino
Especialista en Acupuntura y Medicina Alternativa